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Y seguimos sin gobierno

 

En realidad ya son 4 meses sin gobierno en España, las elecciones generales fueron el 20 de diciembre de 2015. Y, ¿es cierto que así estamos perfectamente?

La respuesta es sencilla, no, y así lo ha  constatado el Banco de España en su Boletín Económico del pasado mes de marzo, en el que indica “la actual situación de incertidumbre política, en relación con el proceso de formación del Gobierno de la nación, introduce dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas, que pueden tener un efecto adverso sobre las decisiones de los agentes en el corto plazo.”

 

En este documento el Banco de España revisa a la baja las previsiones de crecimiento económico, y aunque esta revisión es moderada, del 2,8% de diciembre a un 2,7% en marzo, los riesgos de una desaceleración de la recuperación han aumentado durante los últimos meses por la incertidumbre política interna, por las tensiones en los mercados financieros internacionales y por el aumento de las tensiones geopolíticas.

 

Estas previsiones de crecimiento económico se miden a través de las predicciones que para el PIB realiza el Banco de España.

Los principales componentes del PIB los podemos resumir en tres: la demanda interna, la inversión empresarial y la demanda externa. De entre ellos, se espera que el crecimiento económico siga apoyándose, como viene ocurriendo a lo largo de los dos últimos años, en el crecimiento de la demanda nacional.

 

Si analizamos la demanda nacional, se prevé que el consumo de los hogares mantenga un ritmo de crecimiento elevado, que se apoya en un aumento de la renta disponible de las familias causado por la continuidad en el proceso de creación de empleo, se calcula que la creación de puestos de trabajo reduzca las tasas de paro que se situarían en torno al 20% en 2016, y en los efectos expansivos temporales que sobre la renta disponible tiene la caída del precio del petróleo, esta temporalidad explica la desaceleración en el crecimiento de la demanda interna a lo largo de los dos próximos años, pasando de un 2,9% en 2016 a un 2% en 2017.

Esta desaceleración de la demanda interna se traduce en unas tasas inferiores a las registradas en 2015, de crecimiento de la inversión empresarial.

Por su parte, la demanda exterior neta continuaría realizando una aportación negativa al crecimiento del PIB, aunque de magnitud más reducida que en 2015.

Pero todas estas previsiones, advierte el Banco de España, dependen crucialmente de los supuestos realizados al respecto y “las dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas pueden incidir negativamente en las decisiones de gasto de los agentes privados, especialmente si la actual situación de incertidumbre se prolonga en el tiempo.”

Y concluye, “Estos desarrollos ponen de manifiesto la necesidad tanto de que las políticas económicas prioricen la culminación del proceso de consolidación fiscal, que resulta esencial para mantener la confianza, como de perseverar en la aplicación de reformas estructurales que reduzcan las vulnerabilidades de la economía española y permitan mejorar su capacidad de crecimiento futuro.”

 


Fuente: http://www.comunicacionestian.com

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