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El brexit, los referendos y Europa

Ricardo López de Haro, colaborador de Academia de Mercados.  27/04/2017

El Brexit ha puesto de relieve el falso mito de los referendos como el mejor método democrático de la ciudadanía. Los dos mayores imperios de la antigüedad, Grecia y Roma, el primero no por su poder sino por sus enseñanzas y el segundo llegó a dominar el mundo antiguo, estaban dirigidos por élites sociales que nunca consultaron con sus ciudadanos sus decisiones, sin embargo en general siempre fueron eficaces con su pueblo.

Otras veces el pueblo se ha manifestado de forma violenta en contra de regímenes corruptos e ineficaces: la Revolución Francesa, la Rusa, etc. La Constitución Americana, modelo de valores democráticos y humanos, tampoco la escribió el pueblo, sino un grupo de personas cuyos principios morales, preparación y conocimientos la hizo posible.

El Brexit ha puesto de relieve las falsedades de los referendos en asuntos complejos. Gran Bretaña, una de las más antiguas democracias representativas, con una Constitución nunca escrita, donde el poder reside en su Parlamento, con poca experiencia en referendos, ha autorizado este sin unas reglas precisas y específicas que permitan interpretar los resultados.

Este referendo, no ha establecido un porcentaje mínimo de participación y voto, no ha habido un amplio debate público, los líderes políticos se han dedicado al mensaje del miedo, se han contado muchas mentiras, como el tema de los emigrantes. Es chocante, que una decisión que solo ha obtenido el 52% de los votantes y menos del 36% de la población, haya provocado este disparate que no solo afecta a los británicos sino al resto de Europa y EE, UU. Valga un ejemplo, el partido del Brexit, el UKIP, solo cuenta con un escaño en el Parlamento.

Lo que ha sucedido en el Reino Unido, quizás por poco tiempo, el voto no era una respuesta a lo que se preguntaba, había muchos condicionantes emocionales, a pesar del famoso pragmatismo anglosajón, se ha votado contra el sistema y la situación política, económica y social. De momento los irresponsables de Brexit dimiten: Cameron, Farage, Johnson y en breve Corbyn, pero el mal ya está hecho.

Sabemos que los referendos son una forma imperfecta de participación política. Quien lo convoca hace la pregunta que más le conviene, los ciudadanos no tienen un criterio formado porque no hay pedagogía de lo que se pregunta, que ganan y que pierden. Pero ahora con el avance de los populismos aun peor, no se vota lo que se pregunta sino por sentimientos, resentimientos, etc.

Una mayoría exigua de británicos han decidido que el Reino Unido debía terminar con 43 años de participación europea. Además hay una fractura generacional, el 64% de los jóvenes entre 18 y 24 años y el 45% entr los 25 y 44 han votado por la permanencia. Los mayores deciden el futuro de los jóvenes. Escocia e Irlanda del Norte quieren seguir en Europa y pedir un referendo para salir del ya no tan deseado Reino Unido.

Pero la violencia de la campaña y la fractura social que ha provocado en el Reino Unido nos obliga a afrontar una realidad: Europa va encaminada al fracaso si no se actúa de forma decidida para cambiar el rumbo. En las decisiones europeas de los últimos años hay mucha opacidad y tecnocracia, dobles discursos nacionales y europeos, el poder desmesurado de los lobbies y del sistema financiero, empobrecimiento de las clases medias y perdida en definitiva de confianza en las instituciones que formaron la Unión.

Todo lo anterior es un caldo de cultivo para populistas, xenófobos y extremistas a derecha e izquierda. Europa fracasó este invierno permitiendo que muchos refugiados y emigrantes se ahogaran en el Mediterráneo y que los griegos las pasen canutas al no permitir que los bancos privados asuman las pérdidas de su mala gestión por la que cobraron suculentas primas de riesgo. De cada 1000 millones de Euros que la Comisión entrega a Grecia para su rescate económico, 850 los pagan en intereses de su deuda con entidades financieras europeas y foráneas. Así ¿Cómo van a salir del pozo? y ¿Qué pasa con los ciudadanos?

Europa se ha construido a la medida de los mercados, sobre todo a partir del Tratado de Maastricht, que fue un gran error como ya explicaremos en otro documento. Debemos reformar la Unión Europea al servicio de sus ciudadanos, abierta, tolerante, orgullosa de sus conquistas sociales, combatir la desigualdad, terminar con la austeridad, hacer políticas económicas que favorezcan la demanda, única forma de crear empleo y riqueza, en contra de los que sólo se preocupan , como Alemania, de controlar la inflación, el déficit y la deuda pública.

En definitiva, una Unión Europea al servicio de sus ciudadanos, terminando con el poder de las multinacionales financieras y de los corporativismos. Dar una respuesta solidaria a los refugiados, que huyen de sus países por algo tan cruel como que les están matando, también a los inmigrantes, Europa se hace vieja y los necesitamos. Mutualizar las deudas, con los famosos Fondos europeos, a los que tanto se opone Alemania y por supuesto el cambio climático.

La elección es clara: volvemos a los nacionalismos de tan cruento recuerdo, dos guerras mundiales y más de 100 millones de muertos o refundamos el proyecto europeo. Para lo cual es necesario más democracia y sobre todo transparencia. Los organismos europeos en Bruselas , Comisión , BCE, etc. tienen que acercarse de nuevo a la ciudadanía que ahora los percibe como entes opacos que viven muy bien y que no saben bien lo que hacen. Hay que abrir un nuevo proyecto constituyente que incluya a los organismos y sobre todo a los ciudadanos, que es en definitiva para los que se les vota y paga.

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