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El ocaso de occidente

Ricardo López de Haro, colaborador de Academia de Mercados 17/05/2017

 

Primero fue el Brexit y ahora Donald Trump como presidente de EE.UU., solo faltaba Marine Le Pen en Francia, pero los franceses con una larga historia republicana de derechos y libertades han dicho que no. Sin embargo y eso es lo preocupante ha obtenido casi once millones de votos. Occidente, cuna de la cultura, libertad y progreso, asustado por los cambios de la globalización, quiere dar marcha atrás volviendo al nacionalismo y sus señas de identidad: xenofobia, racismo, proteccionismo y la autarquía.

No hay ninguna novedad en las medidas que Trump propuso en su campaña y que quiere poner en marcha en solo 100 días de presidencia. Lo sorprendente es que casi sesenta millones de norteamericanos las creyeran y las respaldaran en las urnas. Es cierto que Hilary Clinton ha ganado en votos populares, pero el sistema electoral es el que es y a lo mejor sería hora de cambiarlo, además de una abstención que ronda el 40%, lo cual teniendo en cuenta la importancia de lo que se jugaban, ya en si es grave. En el pasado hubo dictaduras a derecha e izquierda de un solo hombre, hoy hay muchos desinformados, desencantados, frustrados e ingenuos que ya no creen en los valores democráticos.

Tradicionalmente pensamos en el Estado como enemigo de la libertad de expresión. Censura significa dictadura, como China que tiene el mayor aparato de censura de la historia. Pero también hay superpoderes privados: Twitter, el preferido de Donald Trump, Facebook, Google, Amazon, Apple. Son superpoderes privados a nivel global. Se calcula que un 40% de la juventud estadounidense y europea obtiene la información que les interesa a través de estos medios. No dudo que quieren hacer el bien, de informar correctamente, pero sobre todo quieren que les vaya bien, es decir ganar dinero y poder. Los populistas, utizan estos medios para atacar la democracia, pero la realidad es más sencilla: EL MUNDO HA CAMBIADO, SENCILLAMENTE SE HA GLOBALIZADO

No tienen miedo a los Gobiernos, Tribunales, etc, a lo único que temen es a perder sus millones de usuarios, su rentabilidad. Por tanto, quien de verdad tiene el poder somos nosotros. Internet facilita el populismo porque actúa como caja de resonancia. Los votantes de Trump pueden pasarse la vida escuchando solo la visión del mundo de Trump, sin acceder a otros puntos de vista. Ahora bien, culpabilizar de todo lo malo que ocurre a Internet, es como culpabilizar al fuego del incendio en vez de la mano que lo prendió.

La Red no deja de ser una herramienta con posibilidades de información extraordinarias a nivel global al alcance de cualquiera, sean cuales sean sus aptitudes. Cuando la cultura, el saber, la lectura, la historia y los conocimientos se sustituyen por mensajes populistas fáciles de digerir porque son simplones y evitan pensar, es un problema de consecuencias dramáticas cara al futuro. Los intelectuales, pensadores, estadistas, etc. del siglo pasado ya no están pero si sus acciones, creencias, opiniones y sobre todo actuaciones. No solo en libros sino se se busca en Internet.

Todos los grandes demagogos de la historia siempre utilizan a los extranjeros, en este caso inmigrantes: mexicanos violadores, musulmanes terroristas, chinos que colonizan los mercados y los empresarios “traidores” que sacan sus empresas al exterior aumentando el desempleo y la precariedad de los salarios. Se pueden decir estupideces  en una campaña electoral, pero que la crean no solo los   “tontos” sino personas informadas y con una solidad tradición democrática es preocupante.

Muchos esperan que el Partido Republicano, que tiene el control de las dos cámaras y del Tribunal Supremo, es decir de todo el Poder, que cuenta con miembros experimentados y pragmáticos entre sus filas moderen a su candidato que, por cierto, muchos no le apoyaron. Pero con presidentes como Nixon, Reagan, George W. Buch y el Tea Partie, no hay muchas garantías de ello. El sistema político americano tiene mecanismos de control y freno de sus presidentes, sobre todo la prensa y el poder judicial, pero el partido demócrata debería hacer más.

Si el nuevo presidente se empeña en expulsar del país a once millones de ilegales, ahora solo habla de tres, cerrar las fronteras a los musulmanes, acabar con la globalización cancelando todos los tratados de libre comercio desarrollados por Obama y penalizando empresas que llevan su producción a terceros países para abaratar costos, provocará un terremoto económico a nivel mundial.

Su amenaza de reducir gastos de su país en la OTAN  y que otros paguen por su defensa, sobre todo Europa, que ha encantado a Putin, con el cual tiene buena sintonía, debilitaría la protección de países libres del nuevo Zarismo ruso, léase Crimea, Ucrania, Georgia y Siria en donde se está produciendo un genocidio humano. Que Trump gane estas elecciones pese a la oposición de toda la prensa, tan influyente en EE.UU., y la clase más influyente y pensante, y no me refiero a los ricos, demuestra que estamos ante un hechicero político de ideas simples y fijas para una masa ensimismada  que solo hoyen pero no piensan.

La gran paradoja es que muchos americanos, al igual que los ingleses con el Brexit, piensan que EE.UU. y Reino Unido están en caída libre. Nada más lejos de la realidad. EE.UU., ha superado más pronto y mejor que el resto del mundo, sobre todo en Europa, la crisis del 2008 y prácticamente se había llegado al pleno empleo, solo un 5% de paro. Los ingleses acaban de dar un tiro de gracia, a pesar de su conocida flema, a su activo más importante, la City Londinense, centro financiero mundial.

¿Cuál es el problema? Sencillamente con la globalización el mundo ha cambiado. La revolución tecnológica está experimentando desafíos y oportunidades totalmente inéditos. Hay otras sociedades y países, más audaces y más a la vanguardia  de la nueva modernidad, que están quitando la primacía de las antiguas potencias. Esto significa que vamos hacia un mundo más justo o al menos menos exclusivo que el de ayer. El pasado es irrecuperable y los que erróneamente viven mirando a sus espaldas, pueden convertirse en estatuas de sal, como en la parábola bíblica.

El Occidente de la revolución industrial, de los grandes descubrimientos científicos, de los derechos humanos, de la libertad de prensa, de la sociedad abierta a todos, nativos e inmigrantes, se está quedando atrás. El problema no es la falta de preparación, todo lo contrario, sino su falta de visión al no entender que los avances, sobre todo tecnológicos, están gracias a la globalización, al alcance de todos. Trump y el Brexit, amén de otros movimientos nacionalistas, no van a solucionar ningún problema, agravaran los existentes y traerán otros mas graves. Debemos reflexionar con la cabeza fría, admitir los errores, retomar el camino de la razón y sobre todo encarar el futuro con valentía.

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