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Nuevo proyecto para un nuevo siglo

Ricardo López de Haro, colaborador de Academia de Mercados.  10/05/2017

Tenemos que poner nombre a quienes queremos defender. Hay un colectivo que ha quedado fuera del bienestar, sobre todo comparado con otros grupos que mantienen un relativo confort. El mundo ha cambiado, los problemas son diferentes y las viejas respuestas son anticuadas. El nuevo mundo es Digital.

La movilidad social, comparada con otras épocas, ha desaparecido. Tenemos colectivos enteros y una generación entera que ha quedado al margen de la riqueza colectiva. Hay un enorme malestar social, la reducción de los servicios públicos, salarios a la baja perjudicando sobre todo a las clases medias, escepticismo en el futuro y sobre todo la pérdida de los valores que cimentaron la democracia.

En el siglo pasado, tanto la derecha como la izquierda sabían a quien defendían. Unos a una oligarquía de riqueza y poder y otros a los obreros, los profesionales y sobre todo a una clase media, lo que se llamo el Estado del Bienestar. Se dice que se defiende a la ciudadanía que es lo mismo que decir que no se sabe a quién se defiende. La democracia, que tanto nos gusta mencionar, consiste en una negociación constante entre diferentes intereses contrapuestos.

Hay un amplio colectivo que está fuera del llamado bienestar, sobre todo la generación de menos de 40 años, no porque sean jóvenes sino porque, al contrario de sus padres, no tienen una perspectiva de futuro. Una sociedad decente es la que no deja a nadie abandonado y que se construye sobre los pilares de la libertad, igualdad de oportunidades y justicia social. El progreso de unos pocos no debe hacerse a consta de las penalidades de muchos.

Entre política y economía siempre hubo discrepancias. Muchos de los grandes economistas del siglo pasado criticaban duramente a las clases políticas por descuidar la distribución de la riqueza y no controlar los abusos del entonces incipiente sistema financiero. Mientras duró el comunismo, actuaban con prudencia para no alarmar a las clases trabajadoras, pero con su desaparición el campo estuvo libre.

Los problemas de la democracia actual se acumulan. Los sindicatos, ya no representan solo a las clases trabajadoras, se han politizado y forman parte del poder político. Los partidos políticos se han profesionalizado y se asemejan a sociedades anónimas. Hay falta de preparación de las élites dominantes. La sociedad actual se mueve entre el consumismo y el entretenimiento, dejando de lado la formación y el saber. Lo que se impone es la anti escuela, la anti política y solo se valora las nuevas tecnologías.

La ignorancia y el error incrementan el poder del azar, cuanto más se sabe más se prevé. Los movimientos totalitarios siempre actuaron en contra del conocimiento, cuanto más incultura más fácil es convencer. El error de las democracias es creer que viven por si solas, que la democracia era para siempre. Ninguna mejora social, política o económica se conquista  si no se la respeta y defiende.

Los populismos avanzan debido a que muchos ciudadanos se están cuestionando el valor de la democracia. Los miedos, las incertidumbres en un mañana, sobre todo a raíz de la crisis y una sensación de abandono de las clases dirigentes  son su caldo de cultivo. Los políticos populistas no distinguen entre verdad-mentira-realidad y fantasía. Imponen su propia ficción, que consiste en destruir el pasado inmediato por uno nuevo que ya no necesita la calle, basta con twitear.

Los partidos políticos clásicos deben reflexionar, sin su regeneración inmediata es imposible la democracia. Si se alejan de sus votantes para que valen? La honradez y la verdad de lo que está sucediendo debe ser su prioridad. La democracia tendrá que volver de nuevo a la escuela y aprender, a la escuela de la vida. Si no lo hace pronto el futuro será dominado por populismos y volveremos a un pasado tenebroso.

Por desgracia en la política actual predomina el lenguaje del odio. Este lenguaje no es nuevo, ya lo explotaron los totalitarismos del pasado, pero lo sorprendente es que la situación no es tan dramática como entonces. Cuando Mussolini triunfa en Italia y establece el Fascismo, la economía  era caótica: huelgas generales, paralización productiva, caos del Estado, etc. Cuando Hitler y el nazismo ganan las elecciones en 1933 la situación alemana era un desastre: diez millones de parados, superinflación, hundimiento bursátil  debido a la crisis del 29 en la bolsa americana, el vergonzante pago de las indemnizaciones de la primera guerra mundial, carestía de alimentos etc.

Sorprende que este populismo resurja en EE.UU con Trump, cuya economía roza el pleno empleo, en Reino Unido el Brexit  de Nigel Farage con una Libra más fuerte que nunca y Marine Le Pen en Francia,  que tiene problemas económicos, no por los inmigrantes ni la UE. Su situación laboral es desde hace tiempo  insostenible, jornada laboral de 35 horas, elefantiasis del Estado por su excesivo funcionariado y la pérdida de competitividad de sus empresas.

En el lenguaje del odio se confunde el acto de hablar, cuyo fin es construir sentido, con el acto violento, cuyo fin es destruirlo. Las redes sociales favorecen como nunca, por su velocidad, estas situaciones, pero culpar al avance digital de los populismos es injusto, ya que también hay muchas voces que nos advierten de los peligros.

En una sociedad abierta, el enemigo no es quien piensa diferente y está dispuesto a dialogar, sino quien quiere entorpecer y a veces destruir dicho dialogo con el fin de impedir las discrepancias, aunque sean legítimas. La derecha ha resistido mejor los avances populistas, sus votantes son más fieles, tienen más que perder, controlan el dinero y en los años 70 se dieron un barniz exterior de avances sociales. Saben negociar y hay que reconocer que cuentan con dirigentes mejor preparados y sobre todo informados. Solo vuelven a ser los de siempre cuando tienen mayoría absoluta, pero lo sorprendente es que la suelen tener, debido más que a sus meritos a la pérdida de identidad de la izquierda.

La izquierda perdió su razón de ser cuando maquilló sus ideales y abandonó la confrontación social, para poder estar en el poder. La Tercera Vía del laborismo con Blair en Reino Unido, la situación del socialismo en Francia, la desaparición del Pasok en Grecia, la mala gestión en Italia, que permitió gobernar a un personaje como Berlusconi y el desgarro del PSOE en España son consecuencia del abandono de sus ideales. Sencillamente sus votantes ya no les creen y les están sustituyendo por populismos radicales. Añoran  un pasado socialista más beligerante.

En Europa, no pasa un solo día en que un asunto interno se interponga en el camino de la Comisión y mostrarse más cercana a sus ciudadanos. Muchos líderes europeos menoscaban los ideales sobre los que se fundó esta Unión, desprecio a las mujeres en Polonia, libertad de prensa en Hungría, rechazo de inmigrantes en Austria, populismos a derecha e izquierda. Ante esta situación no hay marcha atrás, ya que sería borrar las catastróficas lecciones del siglo pasado. Hay que proteger el modelo de sociedad  por el que lucharon y murieron nuestros antepasados.

Solo un giro político permitirá cambiar las prioridades de una Institución, la UE, empeñada en mantener el equilibrio de fuerzas y no castigar a los que no cumplen. Sencillamente el que no cumpla con los ideales europeos sobre los que se basó la Unión, que se vayan. No se puede obtener dinero para remontar sus economías, sobre todo en países bajo la dictadura en el pasado de la Unión Soviética y luego no cumplir las normas mínimas de convivencia.

Para lograrlo se necesita valentía política de los miembros de la Comisión y de muchos líderes políticos, lo cual por ahora brilla por su ausencia, pero tambien se necesita con urgencia una labor de pedagogía por parte de Bruselas, ya que no explican a los ciudadanos muchos de los acuerdos en curso. Una población desinformada, tenderá a no creer en Europa, sino que se lo digan a los británicos del Brexit.

Bien, no cabe duda que el mundo esta cambiando. No vale la pena culpar a los avances tecnológicos, es ridículo pensar que Twitter engaña a las personas, los engañados son los que creen en sus mensajes, sencillamente es un medio masivo de difusión que antes no existía y que no toma partido, solo transmite ideas de otros a una velocidad antes inexistente. Esta nueva Internacional Populista es muy primaria, pero a su vez muy sencilla, dice en voz alta, twuitteada o no, lo que muchos piensan: YA NO CREEMOS EN EL SISTEMA.

La única forma de combatir a la Internacional Populista, es reconocer los fallos, ha habido muchos, conectar de nuevo con las personas que son las afectadas por los cambios sociales y sobre todo económicos, controlar el mundo especulativo financiero, reducir los desequilibrios entre países y personas, apoyar el cambio climático, ayudar a los más desfavorecidos, evitar que se masacre  a poblaciones con el cinismo de que se protegen los valores democráticos.

La democracia es, como decía un gran político, el sistema menos malo comparado con los demás, pero no basta con declararse demócrata, hoy en día eso es fácil, hay que trabajarla, hay que luchar de nuevo por sus valores, que están tan vivos como hace 100 años y así entre todos, con pasión pero sin odio, volveremos a encontrar la senda correcta, no para hacer un mundo mejor, pero al menos tolerable.

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